lunes, 3 de abril de 2017

UNA EQUIVOCACIÓN NO NECESARIAMENTE ES UN FRACASO

Por Charlie Brown

Mi idilio comenzó cuando me aficioné a la bebida, amanecía tirado en cualquier andén a merced de la lluvia o de la mirada atónita de la gente que pasaba y no podía explicarse como alguien tan joven despilfarraba así su vida.

En Alcohólicos Anónimos hasta me llamaban "el pasajero" porque iba y volvía siempre con la misma prédica "Me llamo Carlos y soy alcohólico" y los demás saludaban con desánimo en coro - Hola Carlos - Visitaba más a Psicólogos y Psiquiatras que a mi propia familia, la que termino por desaparecer en cuanto un tío se murió.

Mi mamá era alcohólica y por ello murió, la herencia al parecer me había arrastrado a ese terrible destino y quise entonces morir igual. Un día sin embargo en que me desperté en un hospital con el diagnóstico de que casi me había ahogado por mi propio vómito tuve la suficiente conciencia para mirar a un tipo al que atendía una enfermera y que cuidaban celosamente dos policías, se había herido los pies con tachuelas al parecer que él mismo había lanzado para arruinar los neumáticos de los autos, esto en una protesta hacia el sistema social.

Esa escena bastó para comprobar que existía alguien más loco que yo. Y allí estaba el César y Emilio y yo riéndonos de la autoridad, mandando todo al carajo, al averno de la doble moral colectiva, la misma que hace que un niño fume, tome alcohol o se prostituya. En los años futuros vería como el alcohol fue el causante de la muerte de tres de nuestros amigos: Oscar, César y Christian. Comenzamos así a darnos cuenta de la situación y estábamos dispuestos a develar la verdad.