sábado, 16 de agosto de 2014

De cuando fuimos sobrios e indocumentados

Por Charlie

El miedo es necesario para avanzar.

En la calle con rumbo desconocido...

CESAR: A nadie le gusta pensar demasiado, todo esta en la sensación...

TAPITA: Si y por eso cada vez más sordos y confundidos...

CHARLIE: Por cada brindis una pena...

A César se le ocurre trazar una linea en la pared con la pintura en aerosol y mientras avanza va con su línea a lado hasta que el muy torpe no se da cuenta y la pared termina y esta un señor parado en la esquina y se enfurece al ver pintada su camisa... 

OFENDIDO: Usted me paga la camisa...

CESAR: Le pago la lavada...

CHARLIE: Esa pintura no sale ni con gasolina...

TAPITA: Si sale... con gasolina y un fósforo...ja, ja,ja...

OFENDIDO: O me solucionan con plata esto o llamamos a la Policía... A ver la plata...

CESAR: Usted tiene la culpa de pararse en una esquina que es propia de los borrachos, las putas y los devotos del vicio...

CHARLIE: Además la Policía esta ocupada cuidando a los ricos... 

TAPITA: Y no les importa un comino una camisa pintada...

OFENDIDO: Diez mil pesos y nada digo...

CESAR: Si quiere le doy mi camisa y usted me da la suya... plata no hay...

CHARLIE: Buen cambio la de este man es Lacoste... (indica a César)

El ofendido acepta un cigarrillo y el canje de camisas, en paz tomamos rumbo, no sabemos a qué se debe que cuando estamos sobrios cometemos las peores brutalidades, por ejemplo en esta ocasión no hacerle acuerdo al ofendido de la camisa pintada que retire de los bolsillos de la camisa su billetera...

CESAR: ¡Treinta mil pesos!