jueves, 30 de abril de 2015

MEMORIAS DE UN CONTADOR PÚBLICO NADAÍSTA: PASO QUINCE

Por Alejandro

Ley Moral

Dice la Ley que el Contador Público debe callar y servir. Pero no dice que debe estar confinado a un cubículo de 2 por 2. Tampoco que debe permanecer sentado y agachado, menos que deba sufrir el síndrome del túnel carpiano, o el delirium tremens o un simple dolor de espalda o diente.

Regreso a mi caso. Yo soy un delincuente de pensamiento y obra y omisión. 

Pero es que para el caso ¿Quién no ha falsificado un reporte, maquillado un informe u ocultado una verdad?

Incurrí para el caso en eso que dicen de que quien intenta ser bueno se las vera con malos y buenos. 

De lo que más me arrepiento es de que enseñé mis tácticas y ahora creo bien que debí ser un Profesor.

Pero el arte de imprimir en papel lo que pasa en la economía de una empresa es para mi una idiotez que solo valora la oficina de impuestos, uno es cómplice del pasado, si algo no cuadra lo mandan a buscar a un archivo y si sucede que se pago de más debe haber sin duda un responsable. 

Por eso es que el enemigo número uno del Contador Público es el tiempo pasado.

La cuestión moral estriba en que si descubres un error que no fue tuyo te llenas de orgullo y buscas ese premio a tu valor, pero la gente siempre buscará a quién aplicarle esa dosis de culpa. Y quedarás como un héroe de un lado, pero como un ogro del otro lado.

Para mi caso no aplica estoy rodeado de una montaña de papel en caso de que haya un francotirador apostado en la otra esquina tendrá que vérselas con columnas de papel que blindan mi entorno.