viernes, 24 de noviembre de 2017

TIRO LOS DADOS ENTRE SUS PECHOS

Por Charlie

Se equivoca el que piensa que los Artistas son seres serios o indelicados, yo lloro a cada rato y por todo.

Siempre he perdido en los juegos de azar, y creo a nadie le gusta perder, sin embargo soy de a buena suerte en el rito de la seducción, está vez aliento al César para ir al Casino a perder unas monedas y de paso echar una escogida de alguna chica sin plan, justo ese día o más bien esa noche alumbra en mí esa suerte esquiva que acierta una y otra vez en la ruleta, el Blackjack se me hace fácil y los dados ruedan y se detienen en el siete una y otra vez. El César prueba haber si las cosas han cambiado y trata de seducir a unas chicas que resultan unas culebras dispuestas a limpiar los bolsillos de los clientes. Y cuando los circuitos cerrados de televisión del lugar están atentos en mi persona lo juego todo a los dados, tengo el turno y amarro en mis puños los dos pedazos de plástico, soplo y miro al cielo. El César esta ebrio, algo en los labios de sus acompañantes le han intoxicado, y él se da cuenta y comienza el escándalo, y como siempre comienza una pelea, las mesas y sillas cambian sus poses y unos tiran copas los otros botellas, y tiro la mano a las fichas, pero ya no están, igual los dados se me escapan y por lo menos quiero saber en qué caen, pero la suerte vuelve a mostrarme su lado obtuso y los dados van a dar al escote de la Valet de la mesa y creo termina sobre sus pechos. Pierdo todo en medio de la trifulca y apenas horas después encuentro al César a gatas, nos incorporamos y nos vamos tan pobres como cuando entramos, queremos dormir para olvidar. Pero ya afuera una aparición nos acomoda la noche es la Valet del Casino que viene y me incita a mirar dentro de su escote en qué terminaron los dados: cinco y dos ¡siete, la casa pierde! pero yo gano y aunque sin fichas esa noche me pude cobrar en especie el premio entre los brazos de la chica a la que le conté dos docenas de lunares, uno por cada ficha que perdí.