miércoles, 23 de agosto de 2017

Las damas y las armas: ostentación polvorosa 3

Por XervanteX

Por el sexo se viene al mundo, por sexo quizá haya que irse de él.

Si todo es una arma y nada lo es, qué tal suceda que nosotros estemos aquí para eso. Sería como poner hormigas a donde el vecino para que le dañen el pasto, el árbol y de paso se le entren a la casa y le compliquen la vida.

Y si los humanos somos usados para ello, ya que no solo contaminamos, sino que matamos a los animales.

¿Y si después de todo el mundo es algo sin sentido y rodeado de una infinita incomprensión que nos atosiga y que finalmente va a convertirnos en una arma apuntada hacia los otros y hacia nosotros mismos?

Pero hoy pretendemos preocuparnos demasiado por lo que el prójimo piense, somos prósperos y dichosos si hacemos que las demás personas piensen como nosotros y hagan las cosas que les decimos.

Yuxtaponemos nuestro imperio, nos cargamos de rencor y odio y proyectamos a pasos corto nuestro futuro como si algo esperanzador en el camino de repente apareciera y nos prometiera más años de vida y más tiempo para ver arder al mundo.