lunes, 17 de julio de 2017

Las damas y las armas: objetores de conciencia 3

Por XervanteX

Apelando a mi juicio adolescente y hormonal pretendí optar por la tercera opción que era casarme con una mujer y tener un hijo o hija.

Pero el lío es que todos los presentes tenían la consabida idea de que los peor que podía suceder a un humano era casarse... "Peor es casarse" decían.

Y si el mundo fue fértil en algún tiempo y las mujeres miraban a los ojos al hablar y los cerraban al besar, y a fe decían que solo prestaban sus cuerpos si antes mediaba la promesa de amor eterno ante Dios. Eso era conveniente para todos.

Y pido mil disculpas al círculo feminista y vuelvo a pedir perdón porque tanta soberbia y acato rompió el saco y según mi entendimiento adquirido a temprana edad habían mujeres y damas.

A las mujeres les podías pedir la hora.

Las damas se hacían respetar y te daban la espalda.

Las mujeres y tras la liberación femenina se ponían jeans y sujetadores de una talla menor.

Las damas vestían de seda, bordados y ligas.

Las mujeres deambulaban libres.

Las damas frecuentaban salas de té y reuniones elegantes.

Las mujeres decían palabras soeces y utilizaban un vocabulario inocuo.

Las damas se esmeraban en las buenas costumbres al hablar y se comparaban a las francesas.

Las mujeres se enamoraban.

Las damas eran conquistadas.

Sin embargo fui pervertido por una obsesión de perfección y aconteció la elección de renunciar a todo e irme por mi última carta para evadir el servicio militar obligatorio: mi filosofía.