viernes, 29 de mayo de 2015

Las mil y una noches despiertos: Espías

Por Alejandro

Me levanto muy a la madrugada con sed.

En la oscuridad abro la puerta del refrigerador para sacar un bote de jugo, de repente una voz se escucha entre la penumbra el susto es terrible.

Es el César  yace entre las tinieblas tratando de llenar un vaso de agua en plena oscuridad. Hace la reflexión de que es imposible saber si el vaso rebasa su capacidad o por el contrario esta vacío y pregunta cómo es posible que en la oscuridad se hagan tantas cosas, de ser posible, por ejemplo preñar a una mujer. Lo entiendo el día anterior le dieron la noticia de que él era el padre de una nena de dos años. 

Y es que desde que nos hicimos traficantes de información nos hemos enterado de demasiadas cosas.

Nos preguntamos a ciencia cierta hasta dónde soportaremos la verdad.

Ya cuando aclara el día el César toma sus cosas y se va con destino incierto, creemos que va a dar la cara como padre y sobre todo a reclamar a su pareja el no haberle contado del acontecimiento.

La verdad se nos hace muy justiciera. Quizá mañana nos llegue la noticia igual que al César de que alguna de las chicas con la que nos acostábamos descuido su sistema de contención y ahora éramos padres o quizá asesinos porque la susodicha al no querer procrear abortó.

La verdad se nos viene con todo el peso.