lunes, 25 de mayo de 2015

Las mil y una noches despiertos: el jugador

Por Alejandro

Colombia no es un país feliz, se ha comerciado acá con todo tipo de mercancías: droga, armas, mujeres y niños. 

Cuando atrapan a un narcotraficante no le hacen pagar por el daño que pudo causar a los adictos, más bien le cobran la osadía de pasar por alto la ley que dice que el tráfico de droga esta prohibido, importan las Leyes; las personas no.

Pero si de algo somos culpables es de comercializar un artículo más valioso que el oro mismo y es la información. Por ejemplo averiguamos que al vecino le desahuciaron, esta agónico y tiene que vender su casa para pagarse sus últimas horas, vamos y se la compramos a precio de remate y nosotros la vendemos a un precio cuatro veces más alto... Sabemos todo, perseguimos chicas sin plan... novias que pelearon con el novio... e infieles... a estos últimos los chantajeamos.

Ese es nuestro crimen, ser una partida de seculares chismosos, pero luego tuvimos el poder de crear facciones de detectivescos personajes que espiaban por nosotros.

Pero en realidad era el César quien coordinaba todo esto. Porque según decía hasta el gobierno movía sus fichas de información y obligaba a los periodistas a decir lo que convenía y desinformar al pueblo de lo que realmente pasaba. Fue el propio César quien desenmascaro verdades de funcionarios públicos, proxenetas, y amas de casa confinadas a un régimen de terror.

Jugamos en la vida unas fichas valiosas, supimos de viudas que escondían tesoros y de dinero que estaba bajo los colchones y allí se echaba a perder mientras otros solo clamaban por un vaso de agua, supimos de la injusticia social de niños y niñas hijos de la clase alta que fueron deliberadamente abandonados en hogares de bienestar y supimos de negocios tan deshonestos que hasta nos avergonzaron de pertenecer al género humano.

Pero el que sabe ganar es que a sabido también perder.