jueves, 2 de abril de 2015

MEMORIAS DE UN CONTADOR PÚBLICO NADAISTA: PASO ONCE

Por Alejandro

Contador y sudor

Es el trópico (de Tauro), yo tengo una piel de gallina, el calor me hace expeler a la fuerza las burbujas que rotan por mi dermis y epidermis, me preguntan entonces ¿Cómo estás? y yo para quedar lo más de bonito y genial digo simplemente que "Bien". Pero la realidad es que nunca he soportado el calor, ni de la vergüenza, ni de la bajeza de la tierra por estos hemisferios. Prefiero eso si el frío de mi tierra, alta y amarga.

Cinco años fui y vine en un mega bus, a veces colgando de la puerta, otras veces como ayudante de camión, sudado y con las manos llenas de grasa y todo para estudiar y ser titulado como profesional. Pagué el precio de un bus entre tanta carrera. E imaginé por eso que cuando llegaba a mi destino olía a todo menos a bueno, dado que en el bus confluían gentes de todos los estratos (sin exclusión de raza o género o situación económica). A mi me importaba poco el mezclarme entre la multitud, pero el factor era netamente mío y era que había heredado una clase de humor (hablo de olor) especifico y desagradable (con respeto hacia los asquientos) Y claro lo que acá en el país se llama "golpe de ala" "chucha" se me había metido entre brazo y brazo y generó el reclamo común. Pero esto no luce digno de un ser así, menos de un profesional ascético, por acudir al limón y al bicarbonato de sodio manché miles de camisetas y por andar probando la leche de magnesia se me conmovió la digestión.

Yo no culpo a los franceses de aprovecharse del mal olor para vender sus colonias, yo acostumbrado a ducharme a diario, me vi de repente indignado ante mi raza y mi herencia genética que al parecer tenía la culpa de que no fuera adepto a los calores, ni a los sudores.

Pero para un Médico lo inquietante era el paradigma psicológico que intervenía y que a razón del miedo, la incertidumbre o la desazón hacía que el sudor se desprendiera de mí, tanto como las lágrimas. 

Pido excusas si con esto me ofendo y desacredito el criterio de usted querido lector se ha tomado de mi y de este libro. Pero es que hay que darle trámite a este tema tan nefasto. A estas alturas un dicho de mi amigo de quién tengo prohibido ya mencionar su nombre y al que solo voy a llamar "El Emperador" me salvo cuando dictó de qué "a fin de cuentas algún día todos íbamos a oler mal sea en la tumba o en la sepultura".

Y a los que buscan una alternativa por sufrir de lo mismo, les digo que para disimular el lúbrico y perenne mapa húmedo que se suele dibujar en la espalda o en las axilas existen o bien ropas térmicas o bien protectores o toallas higiénicas que absorben el sudor y para la cuestión del olor es bien sabido que hay potenciales perfumes cuya base es el alcohol de 90 grados. O si es mucho el defecto tendrán que seguir la recomendación de un Profesor que fumaba para no oler mal. Amén.