viernes, 17 de abril de 2015

Las mil y una noches despiertos: Terapia de choque

Por Charlie

Estoy en un cubículo que llaman baño, en el piso hay colillas de cigarrillos y en la caneca un condón yace en el borde, mi chorro de orina sale firme, afuera se escucha el diálogo permanente de gente que va y viene, es la triple A.

"Me llamo Carlos aunque todos me dicen Charlie" digo ante el círculo, todos esperan que lo diga "... y soy Alcohólico" - Hola Charlie - dicen al unísono. Estamos doce. Digo; fuimos doce los convocados. César está en otro salón y hasta acá llegan sus carcajadas.

Yo no tengo ese problema, no soy alcohólico por convicción el problema lo heredé de mamá. Ya hace doce años que la sepultamos y aún recuerdo el olor a Brandi que expelía de su boca; de todo su cuerpo ya hinchado. Lo que pasa es que tengo miedo de que sea de carácter reactivo y se me dé por acudir al vicio. Hacía un año me había casado con una mujer madre soltera y esa acción presumo fue desesperada ya que no sabía a ciencia cierta qué hacer con mi vida.

César y yo vamos caminando y me intriga de dónde rayos tiene él tanta plata - de hacer pan - dice.

Yo tengo una casa, una hija, una esposa, César no tiene mucho, nos quedamos de ver al día siguiente en el parque principal a eso de las diez, nos separamos y me entra la duda y grito con la esperanza de que César alcance a oír:

"El condón era tuyo no?"

- Ísss -