lunes, 27 de abril de 2015

Las mil y una noches despiertos: el antes y el después

Por Charlie

Cuando inauguraron el terminal del norte la edificación era una belleza: había papel higiénico en todos los baños, en las duchas agua caliente y jabón de manos en los tocadores, los espejos brillaban y las luces ni parpadeaban. ¿Vos te acuerdas César?.

"¡Claro que sí, como no acordarme cuando iba con la novia de turno y hacíamos el amor en las duchas e íbamos descalzos y el agua formaba humo y nos mecíamos en los ardores del amor hasta regurgitar los placeres en líquidos más lúbricos que el aceite tres en uno. Después la cuestión cambió y de aquello nada quedó, se robaron las llaves de bronce, el agua de las duchas ni calentaba y si uno entraba descalzo se le contagiaban venéreas hasta en los callos, hasta se decía que una chica se había suicidado encerrada en un baño y duro cinco horas desangrándose, todo se acaba y el después es un lamento!"

La nostalgia nos viene inundando de a poco el cuerpo, y hay quién se atreve todavía a preguntar que ¿Por qué nos hicimos malos? en verdad no sé; o mejor puedo intentar explicar que Colombia por ese entonces era el país más violento del mundo y nadie hablaba de felicidad.

Entierro la pala en el suelo blando y se me va zafando de las manos, - César ¿Qué buscamos aquí? pregunto.-

Y él anticipándose a la aparición del tesoro me dice "la fórmula del pan"

¡Es cierto! digo levantando de entre el barro una bolsa de papeles que le entrego al César creyendo que allí no había maldad ni adivinando que en los días siguientes por ese hallazgo comenzaría a rodar la bola de la desdicha, de la locura, de la extrema sensibilidad de la vida para unos y la temible verdad de la muerte para otros, aunque ahora en mi dosis de credulidad y maldad no me arrepiento de nada.