jueves, 5 de febrero de 2015

MEMORIAS DE UN CONTADOR PÚBLICO NADAÍSTA: PASO TRES

Por Alejandro

Cuando acogí el título de secundaria mis amigos se quedaron en una pieza cuando la señorita más bonita del colegio se acercó a extenderme las felicitaciones respectivas y a estrecharme un beso, se me olvido ya lo del beso pero aún me acuerdo de la cara de envidia de mis compañeros. 

Cuando recibí el título profesional para lograr alguna felicitación o cumplido que diera la talla tuve que portar el traje que me dignificaba como el pequeño burgués que era. 

Sin duda lo que los Terapeutas aconsejan para elegir bien es pensar en uno mismo y no en los demás, eso es como en el amor que hay que quererse primero uno mismo para querer después a la otra persona. Mi vocación eran las letras a pesar que luché siempre contra el Álgebra por despegar o despejar la equis o cualquier letra, no me parecía eso de que los números se atrevieran a tanto, pero elegí en mi contra y en contra de los demás.

Mi vocación era la nada, solo pensar, y como dice el Profeta Gonzalo Arango:  Aprendiendo a Pensar me Perdí. 

La Contabilidad pretendía organizar y yo era desorganizado, la Contabilidad clasificaba y yo pretendía unir, la Contabilidad era una herramienta y yo decía que era un castigo. Pero tuve que hacer las pases con los números porque me dieron respiro por espacio de seis años, mientras huía del terrible destino que al parecer me estaba convidando a repetir la historia. Como dice al dicho al que no le gusta el caldo se le dan dos tasas.