jueves, 29 de enero de 2015

MEMORIAS DE UN CONTADOR PÚBLICO NADAÍSTA: PASO DOS

Por Alejandro

Yo equiparé mucho conocimiento tanto así que no hallé en dónde vomitarlo, estaba por tanto en un ambiente en el cual era sobre valorado. Armé mi hoja de vida y me dispuse a realizar el tránsito del desempleado, pero entonces tuve que vérmelas no con los jefes, sino con sus Secretarias todo unas damiselas de largas piernas ancladas a unas minifaldas, o si no a unas doncellas decrepitas con el acuse de ser las esposas de los doctos. Me erice.

Y como era urgente el enganche en la sociedad, porque debía hacer méritos suficientes para los aportes a la salud y a la pensión, porque el tiempo jugaba en mi contra tuve la brillante idea de amarrarme al pescuezo una corbata y portar un elegante traje y siempre examinar los zapatos de charol para verificar su excelso brillo.

Pare sin querer en una oficina verde de funcionarios blancos que me interrogaron temiendo que yo era un Abogado y cuyo respiro de tranquilidad se sintió en cuanto descifre mi vocación numérica. Estuve en una torre monumental en la que pase inadvertido y que pretendí jugar con los botones del ascensor, pero allí mismo me enteré que el puesto ya había sido ocupado. Estuve hasta en una academia de inglés que me pintaba un panorama armónico y prometedor vendiendo cursos de inglés a mi propia familia a un costo exorbitante.

En fin, del traje lo único que variaba era la camisa y la corbata que a todas estas aprendía a anudar con el sigilo de un sastre y cada día me despertaba con la idea de que una llamada iba a ser mi salvación, mi salida.