jueves, 18 de diciembre de 2014

YO YA NO SOY AQUEL CHIQUILLITO

Por Charlie

Comenzó cuando a César se le ocurrió levantar las manos y entregarse, o antes, no sé bien. Pero fue que nos atraparon tratando de deshacernos de un montón de cajas de cerveza y ron, todo para evitar que la juventud se embriagase.

La cárcel fue nuestra escuela, allá entramos con el temor de perder la virginidad anal, pero nos recibieron fue como ¡los señores dotores!, les enseñamos a escribir y a leer y a ser más listos que los guardianes. Allá disfrutamos de la visita conyugal de las Prostitutas y el polvillo y la mariguana, y supimos lo que es la soledad y el instinto básico. Yo le rogué al Doctor Miguel no me sacase tan pronto, pero en vista de que mi cabeza comenzó a tener precio me vi una vez más afuera.

Yo no sé a qué horas las hijas de Eva me quitaron el velo de la virginidad, lo que si me acuerdo es que la primera vagina que vi yacía bajo la inmensidad de un pesebre y tal espectáculo me pareció terrorífico, andaba con un libro sobre anatomía del sexo por entonces y me consoló una brujita que hallé en la calle, creo que menor de edad y con su entrepierna rasurada, con ella me fui a vivir mi génesis erótico, para luego saber que la criatura no era tan virgen y que tenía en su barriguita ya un feto de tres meses del que ignoraba su existencia, así que  su posterior proyecto era buscarle un papá.

Recordaba en la cárcel a un tipo que compraba leche materna por litros y decían que cuando se la tomaba le volvía y le salía por el pito, pene o lo que sea, eso es ser corrompido... el único vicio que se me pegó fue el de fumarme un cigarrillo por hora... Volví a ver a la novia de mi niñez hecha una señora de bien e invitándome a secundarla pero yo andaba en una madurez tal que las mariposas en el estómago eran digeridas con la frialdad de un asesino.

A la salida de la cárcel me estaban esperando el César, el tapita y el dotor Migué con una sonrisa maliciosa y al tope con la pregunta exigida en esos casos ¿Te dieron por el chiquito? "¡Granujas!". Partimos sin saber qué diablos hacer, si ser demasiado buenos o demasiado tontos, hasta que llegó el día en que nos aburrimos en serio y nos decidimos por el suicidio colectivo, cuento que lo dejaré para después...