viernes, 12 de septiembre de 2014

DOS PALABRAS: LOS ODIOS

Por Fernan Rey

Amar cualquiera lo puede hacer, pero odiar es de dioses.

Viví decorosamente hasta que estuvo mamá, luego me hice malo. A mi mamá siempre la quise solo que obvié decírselo, debe ser que con las mujeres es difícil, quizá la culpe porque no me procuró un papá como a todos. Amé a mi mamá en silencio como se debería amar a las mujeres (a las que nunca logré entender).

Pero me volví malo y esto lo digo en base a que odie a toda la demás humanidad, yo solo quería a mi mamá, el resto de seres me parecía tan desagradables, tan enigmáticos, tan sucios y detestables que deserté de esa sociedad de idiotas y me alejé para escribir en contra del "supuesto" orden mundial.

Pero como malo que era, también tenía esperanza y llegó el día en que me enamoré de una mujer, casualmente llamada así: Esperanza. Pero la dicha me duro poco, porque sufrió una enfermedad incurable y murió al poco tiempo. Le prometí a ella asistir a terapias y dejarme adherir al mundo, traté en vano de ajustarme a una serie de ritos y costumbres, trataba de hacer amistades, de parecer encantador y de calzar en los grupos sociales.

Me decepcioné una y otra vez con las personas que decían que aquello era lo justo y sin embargo tras bambalinas eran corruptos, amaban y odiaban al mismo tiempo, eran los hipócritas perfectos. Descubrí sin embargo que el odio no es tan malo, te hace creativo, te permite explorar otras formas de expresar sentimientos, yo sé que mucha gente controvertirá esta idea pero yo digo que para odiar también hay que tener sentimientos, pensar y actuar y a veces a diferencia del amor en el odio decir la verdad.