lunes, 19 de agosto de 2013

La calvicie no es inválidez

Por Alexis Mendoza

Estoy con una espantosa hemorragia nasal en la sala de espera de un hospital. La causa una pelea. A mi lado hay un hombre al que le falta una pierna. Por entre la gasa que ya esta copada de sangre le intento decir algo alentador porque le veo triste, además esta solo y quizá nadie le ayude cuando le corresponda su turno.

Yo: -  Hay mucha gente hoy -

Él: - Siempre hay gente la enfermedad ni el accidente esperan -

Yo: - Pero en realidad yo no vengo por la hemorragia, vine por algo más grave -

Él: (mirándome de reojo) - Siii -

Yo: - No. No es una cosa de esas sexuales ni parecida, solo miré -

Le digo agarrándome el pelo y jalando un poco le indico el manojo de pelos arrancados con facilidad de mi cabeza. El hombre trata de sonreír, pero es claro que el dolor no le deja.

Él: - Lo tuyo tiene aún remedio, un champú, una dieta, por más mal que te vaya una gorra -
Yo: - Pero usted se imagina ¿qué pensará la gente de mí si me ve con la cabeza brillante?, que soy un rebelde inglés, que soy racista, que soy del otro lado, y quizá lo que más me duele que piensen: que tengo una enfermedad terminal.

Él: - Creo que te preocupa más lo que piensen y digan las chicas -

Yo: - Ellas no tanto. Pero lo suyo creo es más simple le darán calmantes y pronto de seguro le pondrán una prótesis de madera que será eterna y tendrá usted excusa para no salir a bailar, y le darán el primer puesto en la fila, quizá hasta se haga acreedor a una pensión vitalicia-

Él: - Difamas, una pierna es más importante que el cabello, te cortas el pelo y sigues normal, te arrancas varios cabellos y tu vida no cambia, pero que te corte una pierna haber que tal te va, no es lo mismo, no hay forma de ocultarlo, la prótesis cuesta, la medicación cuesta, y el dolor nadie te va a recompensar por soportarlo.

Yo: - Puede que tenga razón, aquí yo sobro, excúseme por intentar hacerlo sonreír no sabia de su desespero -. 

Él: - Te vas ¿así como así? -

Yo: - No. ¡me voy por urgencias!-

Mientras me alejo dejo atrás a un tipo sonriente, porta su única pierna con orgullo y cuando le llama la enfermera le saluda atento y se deja ayudar. He cambiado un mundo.