lunes, 19 de agosto de 2013

FILA PARA EL PATIBULO

Por Alexis Mendoza

Bueno fuera  que todos nos quisiéramos.

Al señor de la tienda le debo varios pesos por mecato. El otro día le ayudé a cargar unos bultos y al final pensé le quedaba a deber menos pero no fue así.

Le ayudé también con la tarea de su hija, me sirvió un café espeso y con eso el favor quedo pagado.

Le deshierbe el ante jardín, pulí la reja, limpié las paredes y la cuenta ni se movió.

Así son las cosas señor mío uno no puede ir al banco a hacer nada tiene que tener plata, me metí a la fila larga para luego vender el puesto luego, funciono dos veces hasta que la plebe ingrata me denuncio con el Celador. La señora cajera es una gorda y la otra una escuálida, un día la gorda me regalo una alcancía del Banco y la otra quinientos pesos para que comenzará a ahorrar con la promesa de que cuando llené la alcancía se la traería y me abrirían una cuenta. Ilusión fue no más, apenas doble la esquina le hice añicos la panza a la alcancía, obtuve los quinientos pesos y se los fui a dejar al señor de la tienda, que iluso pregunto qué de dónde yo fui a sacar ese dinero, - Pues del Banco - le dije encimando la alcancía por lo intereses y dejando saldada la cuenta.